Decisiones de la vida: El viaje emocional en “Dos días, una noche”

 

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Crédito: Christine Plenus / Diaphana Distribution

Este filme de origen belga, dirigido y escrito por Jean-Pierre y Luc Dardenne, tuvo su primera presentación en mayo del 2014 en el Festival de Cannes, escenario que ha reconocido, en dos ocasiones, con la Palma de Oro sus anteriores trabajos, Rosetta (1999) y L´ Enfant (2005).

En esta ocasión, los hermanos Dardenne retratan un momento de suma valía en la vida de Sandra Bya (Marion Cotillard) madre de dos niños que labora para una compañía de paneles solares llamada Solwall y quien ha sido puesta en una encrucijada moral, por cuestión de que sus compañeros de trabajo han sido depositarios de una elección entre su permanencia o un bono laboral de la empresa. Ella iría durante el fin de semana a algunas de las casas de quienes decidirán sobre su situación, de manera que en cada visita sopesa el entorno, destellos de cómo viven, así como su sentir y pensamiento al respecto. La propuesta cinematográfica para el espectador se convierte en un juicio de valor, de consideración y reflexión sobre si estuviéramos en tal caso ¿qué haríamos?

Si bien la construcción de la trama se da en un ritmo pausado, las conversaciones de Sandra con sus compañeros develan el posible ambiente laboral o circunstancias que ocasionaron aquella realidad. El supervisor pudo influenciar en la primera votación, al alegar sobre la incompetencia para desempeñar con eficiencia las funciones luego de que ella padeciera de una depresión o bien, que era necesario realizar un recorte de personal. Ante estos planteamientos, por un lado, se bosqueja alguna de las crisis de empresas particulares europeas debido a la recesión, e internamente los conflictos individuales de los empleados, en los cuales la competencia y la supervivencia están esquematizadas en una decisión entre el dinero (producto del esfuerzo y desempeño laboral) y la empatía (sentido de cooperación y solidaridad) con otro ser humano.

El argumento se desarrolla durante dos días y una noche, al igual que el título. Por motivo de las secuencias, las cuales fueron resultado de tomas continúas durante siete minutos con la protagonista, y la cuidada edición es evocada una sensación de tiempo real, ello permite agregar un toque de realismo a la ya denotada naturalidad de los diálogos así como de los conflictos presentados.

Asimismo el filme se puede calificar como un estudio de personaje. Debido a cómo se construyen los escenarios a los cuales llega Sandra Bya, se van vislumbrado las diferentes facetas de su estado emocional a partir de las experiencias y encuentros vividos con los otros personajes. A través de ella nos aproximamos a la esencia y la personalidad de los otros; su variedad de reacciones ante el conflicto central que muestra a la vez los contextos sociales en que se hallan, ejemplo de ello es que algunos de los trabajadores llevan a cabo otras actividades para subsistir como otros empleos, recreativas como entrenar a niños en futbol, convivir con la familia o viajar, las anteriores como un signo de la estabilidad que cada personaje posee.

El recorrido de Sandra, en búsqueda de una oportunidad “arrebatada” para seguir trabajando, se convierte en el preámbulo para conocer los puntos cruciales de su vida, durante ese tiempo, tales como: el matrimonio “venido a menos”; la presión social por conservar el nuevo estatus adquirido (ella responde a la insistencia de su marido de que pueden volver a una vivienda de asistencia social si la situación no es favorable), su aparente decaimiento después de la crisis nerviosa de la cual sigue recuperándose, el aprecio de algunos de sus colegas por el apoyo sincero recibido en la primera votación que le motiva así como el intento de suicidio que finalmente le despertó del aletargamiento y depresión ante un rayo de esperanza.

A primera impresión las palabras y actitudes de los demás ante su petición, de la cual ella se avergüenza y desearía estar en otra posición, poseen un determinismo fatídico para la protagonista, sin embargo Sandra también puede tomar el control de lo que sucede, y por supuesto de su vida. En una de las últimas visitas acude con una compañera cuyo marido se muestra reticente siquiera a escucharla; primero le comenta a Sandra que la bonificación ya está destinada para arreglos de su hogar, pero al observar la expresión de desconsuelo e incertidumbre de Sandra, le refiere que intentará dialogarlo con su esposo para ver si pueden llegar a un arreglo; en la segunda vuelta la violencia intrafamiliar se desata. Con esta perspectiva a cuestas, su ánimo se desequilibra y opta por tomar una solución permanente a los problemas temporales. Mas que el escape de una insoportable realidad, la escena se interpreta como un signo latente de que ella anhela poseer el control de su existencia, aun cuando las consecuencias no llegan a último término. La mujer que mostró compasión por Sandra revela que ha decidido elegirla a ella, y que ha dejado a su esposo: “Es la primera vez en mi vida que decido sobre algo” le dice con tono resolutivo.

He ahí dónde la protagonista pasara la última noche escalando ese fondo al cual llegó, pero ahora con una motivación incomparable y la perspectiva de que todo puede cambiar: no claudicar es la única opción. La última visita puede ser considerada como la más importante por el caso particular en que el empleado accede a votar en su favor.

El giro dramático propuesto radica en la ironía de las circunstancias, quien se percibía como el personaje más vulnerable decide rechazar la nueva oferta de trabajo, consecuencia de la posible discordia entre el equipo así como una modesta forma de complacencia, ya que implica para otra persona, de quien Sandra es consciente, su despido o bien nula contratación. Lo cual parece quedar como la lección de vida de esta historia donde se muestra la fortaleza, solidaridad y comprensión del ser humano ante la disyuntiva o el cambio, además de valientes decisiones de una mujer que, en alguna ocasión, quiso ser como un ave que canta pero finalmente prefirió seguir el camino de la vida.

Cabe destacar que la sutil cercanía transmitida por la interpretación de Sandra Bya por Marion Cotillard ha sido distinguida por varios festivales entre ellos: New York Film Critics y European Film Awards, así como la segunda nominación histórica de los Premios Oscar por un rol en idioma francés –primero fue por su actuación como Edith Piaf en “La vida en rosa” (La vie en Rose, 2007) –.

En “Dos días, una noche”, los hermanos Dardenne nos invitan a reflexionar mediante este caso con tinte realista, cuyo fondo sin banda sonora hace eco con un encuentro de la vitalidad y la búsqueda de la fuerza interior de una mujer cuyo nuevo viaje ha comenzado.



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